El entorno educativo, y concretamente, el universitario, se ha visto afectado con creces por esta situación, tanto así, que muchas universidades ante la acción pandémica han tenido que poner de manifiesto sus capacidades de reacción (acción/reacción). Para empezar, asumir que vivimos situaciones cada vez más glocales (como lo demuestra la propias acción del virus COVID-19).
La Glocalidad (acrónimo de global y local, que según Roland Robertson es un concepto que implica “pensar globalmente y actuar localmente”) se convierte en una corriente para diseñar estrategias de comportamiento y conocimiento. En lo primero, baste señalar las directrices de prevención en materia de salud que emanan de las diferentes instituciones nacionales, internacionales y supranacionales (OMS, OPS, ONU) o en materia económica (FMI, BM, UE, BID).
En los segundo, esto es, en materia de conocimiento y, en lo que atañe a las universidades, dependiendo de cada país y continente, en donde la actividad académica está por finalizar el curso académico (segundo ciclo o semestre) mientras que en otras regiones estaba -o está- por empezar el curso académico (primer ciclo o semestre), muchas instituciones han tenido que asumir la posibilidad de continuar el curso a distancia o, más eficazmente, bajo la modalidad de enseñanza online a través de diversas plataformas elearning.






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